Reconquistando mi Niñez

Jesús en el Evangelio aparece rodeado de niños y a pesar de que los apóstoles quieren alejarlos, Jesucristo los bendice. Además nos exhorta a todos a ser como niños para poder entrar en su Reino. Volver a ser como niños es volver a ser humanos. Reconquistar nuestra esencia y nuestra alma.

La vida comienza con una “primera infancia” y termina con una “segunda infancia”. La vejez es una “última infancia”: Volvemos a lo esencial de la vida; dejamos de trabajar y empezamos a disfrutar; gozamos de las cosas simples de la vida y de los afectos sencillos y perdurables; nos permitimos tiempos gratuitos; volvemos a “jugar” con la vida como al principio, despreocupándonos del peso y de las cargas que se han sumado y acumulado a lo largo del camino…

Tenemos que volver a recordar cómo era y cómo sentía, cómo veía el mundo aquel niño que alguna vez fuimos. Reconquistar el “niño perdido” no significa ser inmaduros o incompletos sino re-encontrarnos con nuestra propia esencia, con lo más genuino de nosotros mismos que hemos extraviado u olvidado.

Volvemos al niño que fuimos cuando experimentamos, como en aquel entonces, sentimientos de indefensos, vulnerables, frágiles, abandono; o también sensaciones de cariño, cuidado, amor y comprensión o cuando dejamos volar nuestra fantasía, ensueño, y nos trasladamos a aquellos reinos olvidados con héroes y princesas, gigantes, reyes y villanos, ogros y monstruos. Personajes donde el bien y el mal debaten de continuo…

Te propongo que intentes conectarte con el niño que eres o con el que fuiste. Rescátate y reconquístate desde tu infancia. La vida es el camino que queda trazado entre una infancia y otra, entre la primera y la segunda infancia.

Hay todavía una “última infancia” que nos espera y nos reconcilia con la vida entera. Guarda vírgenes todas las esperanzas y las deudas pendientes del camino vuelven a ser para nosotros posibles realizaciones ya que todo puede ser posible de una nueva forma cogido de la mano de Jesucristo.

PRS. GILMER Y RUTH MÉNDEZ